Carta que jamás te daré, D

Veo a travéz de mi ventana, y no paro de pensar, ¿Qué estás haciendo?

Lágrimas siguen corriendo por mis mejillas en esta triste tarde, y veo como el sol se esconde, y yo sigo sin saber qué hacer.

Veo el chat que tengo contigo. Leo la conversación una, y otra, y otra vez…

No sé qué hacer.

Estoy molesta, si no me diese vergüenza, haría toda una rabieta. Iría a tu casa echa una furia, te gritaría, tiraría tus cosas, quizá hasta las rompería, con tal de ver tu rostro aterrado ante mi frustración… pero no puedo hacer eso. Te quiero, y te quiero mucho, por eso no puedo hacerlo. Quiero contarte como me siento, pero aun cuando me dispusiera a abrir mi boca para decir siquiera una solemne palabra, sé que mis argumentos saldrían sin orden, sin coherencia. Duele reflexionar estos sentimientos de odio, pero debo hacerlo, debo razonar con la cabeza antes que con el corazón en este caso.

Sé que no quieres meterte en problemas, sin embargo, odio que no me preguntes más. No piensas ayudarme a resolver este caos que me abruma. Si no puedes ayudarme tú, ¿Quién más lo hará? Si no te interesa como me siento, a nadie más le va a interesar, entonces, ¿Qué se supone que deba hacer?

Extraño verte y estar contigo, cenar juntos frente al ventanal y contarnos de todo. Sin embargo, no estás aquí, y no me puedes ayudar con esto, y yo debo comprender que no lo haces para lastimarme, lo haces porque piensas que es lo mejor para mí, aunque no sea así, además de que igualmente, buscas salvarte el pellejo. A veces puedo ser egoísta, y lamento serlo contigo, perdóname.

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He resuelto el problema, pero aun así, sigues dentro de mi cabeza. Sigo odiándote, aunque en verdad no lo quiera. Te platiqué que lo resolví, y al menos no cambiaste de tema, me felicitaste, no pude evitar sentir una sensación algo amarga bajando por mi garganta. Cuánta rabia que traigo dentro.

Me pregunto si te sentirás culpable, o si te tiene sin cuidado. Si te preocupaste de que me hubieras aconsejado un error, o si confiaste plenamente en tu palabra. ¿Te preocupó mi situación? ¿Te preocupaste por mí? Supongo que no habrá respuesta a mis preguntas. Sé que debo perdonarte, pero no es sencillo. Estuve muy acostumbrada a tenerte de mi lado siempre, que aunque si supe lo que debía hacer, aun así, me sentí muy mal al no recibir tu ayuda.

Con cariño, Karla.

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