Miradas

A cada paso que doy, le siguen miradas macabras. Mi miedo asoma por mi cara, que yace pálida ante tanta presión. La cuerda floja en las que mis pies se apoyan tambalea. Subo, bajo, me retuerzo y no me caigo, sigo poniendo mis pies al frente, seguido de miradas que lo observan. Mi espalda se pone rígida, y mis manos se esfuerzan por mantenerse a los lados, trato de manejar mi respiración, que sea lo más discreta posible. Debo verme perfecta, debo estar firme y mirar hacía el frente.

Las miradas siempre han estado ahí, observando cada uno de mis pasos, añorando el momento en el que me desparrame al suelo. Aparecieron cuando papá y mamá me pidieron ser perfecta, pidieron cosas de mí que pensé sería fácil dárselas. Pero eso fue hace ya tiempo, y todas aquellas cosas que prometí por poco y no las conseguía, y aquella tensión que recorre mi figura, solo termina en miradas fulminantes que observan mis estragos, si voy arriba, abajo, si me estiro, si me muerdo los labios, lo ven y me observan, me juzgan pero solo el silencio es lo que queda.

De mis inseguridades más grandes, la que más me hace retorcerme de miedo es el miedo a ser juzgada. Me dan miedo esas miradas que por poco y me dejan petrificada. No solo cuido cada paso para no caer al vacío bajo la cuerda floja, camino sobre esta cuerda complaciendo a las miradas, las cuales se vuelven agudas cuando la cuerda se mueve, cuando muevo sin gracias mis manos, o bajo la espalda para fijarme en el vacío, pero al final, solo me queda la idea de que debo seguir avanzando.

La cuerda retumba al dar un paso demasiado fuerte, siento como el pánico corre por mi frente como sudor frío, y al recuperar la compostura, sentí alivio. Al ver aquellas miradas observarme con tan cruel frialdad, decidí correr para no volver a verlas jamás. Así que corrí sobre la cuerda que yo solo rogaba porque no se rompiera, corrí tan rápido que ni yo me lo creía y solo por esas miradas que de pronto ya no me seguían. Sin embargo, al voltear la cabeza y mirar que las miradas se hubiesen largado, pise la cuerda en un martirio y caí al vacío.

Pronto empecé a caer, y todo se volvía poco a poco oscuridad. Cuando tuve mi último aliento antes de perder la consciencia, me di cuenta de que las miradas que hace poco me atemorizaban, ahora mismo, no me podrían importar lo más mínimo.

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